El dividendo es la parte del beneficio que la empresa reparte en efectivo a sus accionistas. Si Santander gana 12.000 millones y reparte la mitad, cada acción cobra su parte proporcional. La rentabilidad por dividendo (dividend yield) relaciona ese pago con el precio: un dividendo de 0,50 € sobre una acción de 10 € es un 5 % anual.
Las fechas importan: para cobrar el dividendo debes tener la acción antes de la fecha ex-dividendo. Ese día el precio de la acción cae aproximadamente el importe del dividendo — no es magia ni pérdida: el dinero simplemente pasa de estar dentro de la empresa a estar en tu bolsillo.
¿Dividendo alto = buena inversión?
No necesariamente. Un yield muy alto puede ser señal de peligro: si el precio se ha desplomado porque el negocio va mal, el dividendo «parece» alto justo antes de ser recortado. Lo relevante es el payout (qué porcentaje del beneficio se reparte) y si el negocio puede sostenerlo. Un payout superior al 80 % deja poco margen para crecer o resistir un mal año.
Las empresas españolas son tradicionalmente generosas con el dividendo (bancos, eléctricas, Telefónica), mientras que las tecnológicas americanas suelen reinvertir el beneficio en crecer. Ninguna estrategia es mejor per se: son perfiles distintos de inversión.