El tipo de interés es el precio del dinero, y los bancos centrales (BCE en Europa, Reserva Federal en EE. UU.) lo fijan para enfriar o estimular la economía. Cuando suben tipos, endeudarse cuesta más: las familias consumen menos, las empresas invierten menos y la economía se enfría — junto con la inflación.
Para la bolsa, los tipos actúan como la gravedad (la metáfora es de Buffett): cuanto más altos, más pesan sobre las valoraciones. La razón es doble. Primero, la alternativa sin riesgo mejora: si un bono estatal paga el 4 %, las acciones tienen que ofrecer bastante más para compensar su riesgo. Segundo, en los modelos de valoración (recuerda el DCF) una tasa de descuento mayor reduce el valor presente de los beneficios futuros.
Quién sufre y quién aguanta
Las empresas de crecimiento — cuyos grandes beneficios llegan lejos en el futuro — sufren más con las subidas de tipos: su valor depende de flujos lejanos muy sensibles al descuento. Las empresas endeudadas ven encarecerse su financiación. En cambio, los bancos suelen beneficiarse (prestan más caro) y las empresas con caja neta y beneficios presentes resisten mejor.
Por eso los días de reunión del BCE y de la Fed son los más importantes del calendario inversor: no se mueve una empresa, se mueve el precio de descontar el futuro entero.