Cuando un inversor europeo compra Apple, su rentabilidad final depende de dos cosas: lo que haga la acción en dólares y lo que haga el dólar contra el euro. Si Apple sube un 10 % pero el dólar se deprecia un 10 %, te quedas igual. Si ambos suben, la ganancia se multiplica. Ese segundo factor es el riesgo divisa.
El cambio EUR/USD se mueve, sobre todo, por el diferencial de tipos de interés: el dinero fluye hacia donde le pagan más. Si la Fed mantiene tipos altos mientras el BCE los baja, el dólar tiende a fortalecerse, y viceversa. También influye su papel de refugio: en las crisis, el mundo compra dólares.
¿Cubrir o no cubrir?
Los fondos profesionales pueden cubrir (hedge) la divisa con derivados, eliminando ese riesgo a cambio de un coste. El inversor particular de largo plazo no suele necesitarlo: las oscilaciones del cambio tienden a compensarse en periodos largos, y la cobertura cuesta rentabilidad cada año. Lo importante es saber que existe: la diferencia entre tu rentabilidad y la que ves en los titulares americanos es, muchas veces, la divisa.
Las empresas también lo viven: un euro fuerte perjudica a las exportadoras europeas (sus productos se encarecen fuera) y abarata las importaciones. El tipo de cambio es macro y microeconomía al mismo tiempo.