Un banco no vende productos: alquila dinero. Capta depósitos pagando poco y presta cobrando más; la diferencia es el margen de intereses, su «ventas». Por eso los tipos de interés son para la banca lo que el precio del petróleo para Repsol: con tipos al 0 % el negocio se asfixia, con tipos al 4 % renace — exactamente lo que vivió la banca europea entre 2015 y 2023.
Su materia prima es el riesgo: presta hoy y descubre años después si le pagan. La mora (préstamos impagados) y las provisiones (la hucha contra impagos futuros) son las líneas que separan un banco prudente de una bomba de relojería. En la parte buena del ciclo todos los bancos parecen bien gestionados; la marea baja lo desmiente.
Las métricas que sí sirven
Olvida el FCF y el EV/EBITDA: la banca se analiza con su propio panel. ROE y ROTE (rentabilidad sobre capital tangible): por encima del 10-12 % crea valor. P/VC tangible: la valoración de referencia — un banco con ROTE del 6 % merece cotizar a 0,5 veces su valor contable; con ROTE del 15 %, por encima de 1,5x. Ratio de eficiencia: costes/ingresos — por debajo del 50 % es excelente. CET1: el colchón de capital regulatorio — por encima del 12 % duerme tranquilo el supervisor (y el accionista).
La regla de oro: en banca, la calidad del activo importa más que el crecimiento. Un banco que crece prestando alegremente está fabricando la mora de dentro de tres años.